Lo que debe saber sobre el pie de trinchera

El pie de trinchera, también conocido como síndrome del pie de inmersión, es un tipo de lesión por frío no glacial. Es una afección que se desarrolla cuando los pies están fríos y húmedos durante mucho tiempo y afecta a la piel.

El pie de trinchera recibió su nombre durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), cuando alrededor de 75.000 soldados británicos y 2.000 estadounidenses desarrollaron esta afección tras pasar largos periodos de tiempo en las frías y húmedas trincheras del frente.

Más tarde, los marineros que servían durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) también desarrollaron la condición, y hay informes de que la experimentan las personas sin hogar en la actualidad.

Datos básicos sobre el pie de trinchera:

  • Prepararse adecuadamente para las actividades al aire libre con frío puede prevenir el pie de trinchera.
  • En los casos graves, la afección puede afectar a los dedos, al talón o a todo el pie.
  • Normalmente, el pie de trinchera se desarrolla tras estar expuesto a las condiciones durante 1 o 2 días.

¿Qué es el pie de trinchera?

La exposición prolongada a condiciones de frío y humedad puede causar el pie de trinchera.

El pie de trinchera o pie de inmersión es un tipo de daño tisular causado por la exposición prolongada a condiciones de frío y humedad. Produce hinchazón, dolor y alteraciones sensoriales en los pies. Puede provocar daños en los vasos sanguíneos, los nervios, la piel y los músculos.

El pie de trinchera se diferencia de la congelación, otra forma de daño tisular en los pies, en que la piel no se congela. Se conoce como lesión por frío no helada (NFCI).

Las personas que padecen esta enfermedad hoy en día no experimentan el mismo nivel de pérdida de tejido que los soldados que la desarrollaron durante las guerras.

Es una condición prevenible que causa daños a largo plazo y no es contagiosa.

¿Cuáles son los principales síntomas?

Los síntomas del pie de trinchera pueden ser:

  • hormigueo o picor
  • dolor
  • hinchazón
  • piel fría y con manchas
  • entumecimiento
  • sensación de pinchazo o pesadez

Una vez que el pie se calienta, las personas pueden notar que su pie cambia de color blanco a rojo, y finalmente se vuelve seco y doloroso. Pueden formarse ampollas, lo que hace que la piel y el tejido se desprendan del pie lesionado.

Si el pie de trinchera no se trata, puede provocar gangrena e incluso la necesidad de amputación.

Los casos de pie de trinchera se clasifican en una de las cuatro etapas siguientes:

  • Etapa 1 – etapa de lesión : El flujo sanguíneo está restringido, y el tejido está frío y adormecido. El miembro puede estar rojo o blanco, y no hay dolor.
  • Etapa 2 – inmediatamente después de la lesión : Una vez que el miembro se ha calentado, puede pasar de blanco a azul y permanecer frío y entumecido. Puede haber una leve hinchazón.
  • Fase 3 – fase hiperémica : Puede durar de 2 semanas a 3 meses. Durante este tiempo, la extremidad se calienta y enrojece, y la piel se reseca. A menudo hay dolor y pinchazos. En casos graves, pueden aparecer ampollas.
  • Etapa 4 – etapa posthiperémica : Puede durar el resto de la vida de la persona. Puede experimentar un aumento de la sensibilidad al frío, pinchazos y algo de dolor. También puede haber alguna ulceración en curso.

¿Cuál es la causa?

El personal militar es el más propenso a padecer pie de trinchera.

El pie de trinchera es el resultado de la exposición a temperaturas de entre 0°C y 15°C y el riesgo aumenta si los pies también están mojados. Se produce cuando las bajas temperaturas restringen el flujo sanguíneo a la zona afectada.

Algunas personas pueden desarrollar los síntomas tras sólo una hora de exposición; en otras, los síntomas pueden no aparecer hasta una semana.

La gravedad de la lesión dependerá del grado de frío, de la humedad del tejido y del tiempo que la persona haya estado expuesta a las condiciones.

El personal militar es el más propenso a verse afectado, y se sugiere que el estrés militar contribuye al desarrollo del pie de trinchera.

También se sabe que el pie de trinchera se da en personas que se ganan la vida pescando y en personas sin hogar. Los estudios también han demostrado que las personas de etnia africana son más propensas a desarrollar la enfermedad que los caucásicos.

¿Cómo se trata?

Cualquier persona que sospeche que tiene pie de trinchera debe buscar atención médica. Un profesional sanitario examinará el pie para decidir en qué fase se encuentra el pie de trinchera.

Aunque los efectos inmediatos del pie de trinchera pueden aliviarse, la afección puede provocar daños en los tejidos a largo plazo y dolor crónico. Una persona con pie de trinchera puede necesitar cuidados de seguimiento a largo plazo.

Lo primero que hay que hacer es retirar a la persona del entorno frío y húmedo y calentar lentamente el miembro afectado. Calentar rápidamente el pie puede empeorar el daño.

Las personas pueden tomar analgésicos para aliviar el dolor y deben proteger las úlceras por presión.

Otras medidas son:

  • limpiar y secar bien los pies
  • usar calcetines limpios y secos todos los días
  • no llevar calcetines al dormir o descansar

En los casos graves, las personas tendrán dificultades para caminar debido a la hinchazón, el dolor y las ampollas. Deben evitar caminar y elevar los pies, ya que esto ayudará a reducir la hinchazón. El ibuprofeno también ayudará a reducir la inflamación.

Prevención

Para prevenir el pie de trinchera se recomienda usar botas bien ajustadas, calcetines gruesos y mantener los pies fuera del agua.

Para prevenir el pie de trinchera es necesario hidratarse, alimentarse, abrigarse y llevar ropa protectora adecuada.

A la hora de prepararse para las actividades al aire libre, los consejos incluyen:

  • llevar botas que se ajusten bien
  • llevar calcetines gruesos de lana
  • mantener el cuerpo caliente
  • quitarse los zapatos y los calcetines dos veces al día para secar y masajear los pies
  • no dormir nunca con los zapatos o calcetines mojados
  • secar los calcetines mojados contra la piel antes de ponérselos si no hay otra opción
  • mantener los pies fuera del agua o del barro siempre que sea posible
  • responder rápidamente a cualquier hormigueo
  • usar calzado suelto para permitir la circulación

Para ayudar a prevenir el pie de trinchera, las personas deben quitarse los zapatos y los calcetines mojados, y secarse los pies al aire.

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